martes, 15 de abril de 2008

Volver a los diecisiete


Una vez fui adolescente. Recuerdo. Sabía menos que Sócrates pero aun así me intuía poeta. Este fue uno de mis primeros escritos, ¿o de los últimos? Pues nunca he dejado de adolescer:

Come posso stare una vita senza te

es mejor amor mío apostar nuestro resto al desamor
el desamor hace girar el mundo
el desamor todo lo vence
no nos espera amor mío
más eternidad que la del desamor
no hay quejas nadie se queja
de que falte en el mundo desamor

qué indestructibles amor mío
los lazos del desamor
hay amor mío como el nuestro
desamores que unen para siempre
desamores que trascienden la vida
y son amor mío desamores hoy
tanto como lo fueron ayer
y son y serán y no hay remedio
amor mío para el dolor 
del desamor que siempre me tendrás

Bien, creo que era 1959 o 60. Algo así. Recuerdo. Épocas en que se escribe lo que se pretende sea espejo de las hambres cotidianas. Recuerdo que hoy no escribo mejor. Sólo recuerdo que no recuerdo nada. Por eso sigo escribiendo hacia atrás. Carpe diem:
Lucio Loftus Cabrera (tío)

lunes, 14 de abril de 2008

Perdido en la weblogción


Lo he estado pensando por espacio de unas seis semanas: perderme expandiéndome en la weblogción, que, en mi caso, mejor podría ser la "wuevalogación". Trabajo con palabras que rara vez me sacan a flote. Lo cual no debe desconcertar, pues soy ciudadano de una de las tantas glotocracias atentas a los deseos de sus metrópolis, ansiosas de adivinar los deseos del saqueador para entregar los bienes que supuestamente tienen en custodia, debidamente inventariados. Yo no sé si soy un "bien"; lo cierto es que, como si fuera copia "legal" de WXP, tengo un número único de identificación. Quizá sea un "mal" por inventar e inventariar. Por tanto, pudiera ser, al igual que los combustibles fósiles, materia de privatización y en consecuencia objeto de explotación--¿es lo mismo que de explosión?. Si me lees y no sabes de qué estoy hablando tal vez sea porque no debo decir lo que realmente quiero y no sé cómo insinuarlo con la necesaria sutileza. Lo cierto es que si lo expreso abiertamente las palabras palidecerán, enmudecerán y empezarán a hacerse cosquillas unas a otras y a desvestirse de sus significados para refrescarse. Soy, como dicen, un superviviente, cuando se quiere aludir a la capacidad de aguantar pisotones en el baile de los náufragos sin que se le apague a uno la sonrisa. Pero últimamente río poco: sólo a la hora de rasurarme y ver a ocho columnas en lo que la erosión y la tala inmoderada me han convertido. Pero eso es apenas mi piel. Abro los ojos cuanto puedo en un intento por penetrar a mi interior, pero, una de dos, o mi piel de superviviente es demasiado gruesa y no deja pasar la luz o de verdad nada veo porque nada queda. ¿Quedamos en eso?
Lucio Loftus Cabrera (tío)